De regreso a mi hogar tras una semana de encuentro familiar, a tan solo dos días para terminar este infernal año, nos anestiesamos yendo a superficies comerciales buscando ansiosos pastillas para la felicidad. La carretera, a lo lejos parece un surco de hormigas que van de aquí para allá y mientras tanto la vida pasa con esas pequeñas cosas…
Y es que ojalá todas las noches sean noches de boda.










